25 de mayo de 2008

Los 20 videojuegos que deberías jugar si eres lector de Cabronos Extraños [VI]: Tekken 3

Si vinieran los de Sony un día a la Redacción Extraña a preguntarnos cuál sería nuestro videojuego oficial de peleas les diríamos encantados que es, sin lugar a dudas, el Tekken 3. No alcanzo a recordar ningún otro juego que, entre Sánchez y yo, lo hayamos alquilado más veces antes de tenerlo.

Vaya carátula chula, y eso que ésta no era la versión Platinum.

La verdad es que no es uno de esos juegos que envejezca muy bien que se diga, los gráficos comparados con los de las secuelas que luego salieron para la PlayStation 2 le daban cien mil vueltas, e incluso el Tekken 5 (por el culo te la hinco) cogía muchísimas cosas buenas de este Tekken 3. Creo que un juego de luchas es lo primero que se le suele ocurrir a un creador de videojuegos, y estoy seguro de que en las oficinas de Namco había un jefe al que todo el mundo quería calentar a la salida del trabajo con un evidente parecido razonable con Heihachi, uno de los que, dedujimos en su época (ahora lo hemos corroborado) era malo maloso.

Porque el Tekken 3 tenía mucha historia, pero te lo podías pasar con todos los luchadores y cada uno tenía su final distinto. Algunos entraban en conflicto con otros, algo muy propio del Universo DC, seguramente en este juego también notaron la época en la que a Superboy Prime le dio por pegarle puñetazos a la barrera de la continuidad. Y había de todo, no os confundáis, desde el típico oso que se enamora de una colegiala y le regala flores cuando sale del insituto (a qué chica japonesa no le ha pasado que un animal que sabe artes marciales haya ido detrás de ella... Ranma no cuenta porque el oso era su padre), hasta el típico chinorris que era amigo de un motero cuyo peluquero era el mismo que Marge Simpson y que imitaba a Bruce Lee a la mínima que tenía oportunidad (pero sin el "be water my friend").

El friki de Star Wars versus el tipo que se peina como Marge Simspon. Lo creáis o no, eran unos pedazo de gráficos para la época.

Si algo hacía especial al Tekken 3 era la gran cantidad de luchadores diferentes que te podías coger. Todo el mundo recordará a ese tal Eddy Gordo cuyo estilo de lucha era X + O pulsados de la forma más rápida posible para que hiciera combos larguísimos de patadas. También a Yoshimitsu, el bicho raro que era a su vez un friki de Star Wars y era una especie de Darth Vader-samurai y que te pegaba un espadazo y te quitaba media barra de vida. O ese maravilloso King, una superestrella del wrestling (a la altura de The Rock o Triple H) que llevaba una máscara de un tigre y que tenía una llave que te quitaba la vida entera. Para que luego digan que lo de la WWE es mentira. ¡Bacalá!

Ahí está el Gon ese que te trincaba y te electrocutaba o te quemaba. Cosa fina.

Luego tenías ese modo especial que podías desbloquear cuando ya no te quedaba nada más que descubrir nuevo (salvo Gon, ese dinosaurio chiquitajo que se tiraba pedos, lanzaba fuego de la boca, pegaba unos golpes eléctricos con la cola que asustaban y embestía con todas sus fuerzas), encontrabas en el menú el "Tekken Ball" que era una especie de voleibol pero a lo bestia y que ofrecía dos formas de ganar: pegarle balonazos al rival hasta gastarle la vida o lograr que el balón tocara el suelo en el campo del adversario y así anotar. No os cuento la de horas que le habremos echado nosotros a ese modo con Law y Anna haciendo patadas voladoras y mandando la pelotita de un lado a otro.

En fin, que la vida extraña de Cabronos Extraños no sería la misma si no hubiera o hubiese existido el Tekken 3.

2 comentarios:

Dr. Omar La Rosa dijo...

Ling Xiaoyu ::baba:: ::baba::... Que una niña así peleando en traje de colegiala es algo que uno no ve seguido XDDD Y GENIAL el Tekken Ball, lo que me divierto en el ePSX con ese modo (y obviamente mi querida Xiaoyu)

Nos estamos leyendo.

Miguel N4 dijo...

A veces creo que no me importaría que una tía como Xiaoyu se peleara conmigo. Creo que el mero hecho de haber conseguido ponerme delante de un 10 vestido de colegiala con esa pedazo de minifalda merece la pena.

ÑAM

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