9 de junio de 2010

¿Y si Cabronos Extraños fueran la chica de la curva?

Sí, hombrecillos extraños, hemos llegado a la última entrega de esta Gran Saga Extraña. Para celebrar que se han dicho muchas tontás a lo largo de estas semanas, he hecho caso de la recomendación expresa de José Carlos Rincón-Butragueño, un buen amiguete que sueña con encontrarse algún día a la niña de la curva y quitarle la tontería con la contundencia que sólo él domina.

¿La niña de la curva era chinorris?

Pero, ¿qué pasaría si Cabronos Extraños fuesen, en realidad, la niña de la curva? Pues hubiera y hubiese sido igual que el chiste aquel de Caperucita Roja, que el conductor hubiera y hubiese exclamado a los cuatro vientos. "¡Joder, cómo cambia el cuento!". Y con razón, hombrecillos extraños, pues ya es grave encontrarte con una chavala en mitad de la noche, haciendo autostop como quien no quiere la cosa, estar a punto de amenazarla con dejarla tirada en mitad de la carretera otra vez si no existe el típico intercambio (señores, si no saben esto, deberían correr inmediatamente a ver Jay & Bob el Silencioso Contraatacan), y encontrarte con que la chica, ni corta, ni perezosa, va y te dice "en esa curva me maté yo", y hala, desaparece la muy...

El cuento cambiaría, y mucho, sí señor. Cambiaría tanto que en vez de una chica que se te sube en el coche y que piensas que te vas a licenciar, son tres tíos, a cada cual más chalado que se te suben en el coche y empiezan a hablarte de tontás sin venir a cuento. Claro, ¿la niña de la curva dónde se sienta? Si vas tú solo, lo normal es que se te ponga en el asiento del copiloto, pero siempre se ha dicho que la niña de la curva va en el asiento de atrás y ves cómo te comenta dónde se mató ella mientras la miras por el retrovisor, y luego te matas tú. Vamos, que se sienta en el asiento de atrás como si fuera a examinarte del carné de conducir, ¿y si no miras los retrovisores te regaña?, ¿de qué habla una niña de la curva cualquiera hasta que te dice su gran frase para que te estrelles donde ella también la espichó?, ¿cuánta distancia hay desde que la recoges hasta que llegas hasta la curva fatal?

Nosotros hemos pensado en todo, por eso os vamos a explicar de la forma más detallada cómo iba a ser nuestro trayecto en el coche como si fuéramos y fuésemos la niña de la curva:

- En primer lugar, como sabemos que la presencia es lo que más importa, y aprovechando que nos íbamos a aparecer por la noche, pues me pondríamos a mí con el cartel para hacer autostop (dirección Malagón, por ejemplo). Afeitado y la melena al viento, el conductor más distraído, reduciría la velocidad para intentar fijarse. Sería demasiado tarde cuando se diera cuenta de que no soy una niña de la curva cualquiera, sino un ser extraño acompañado de dos seres aún más extraños que utilizarían cualquier obra de ingeniería propia del Señor Sánchez para detener el coche y pedirle, por favor, que nos lleve con él.

Vosotros imaginaros que nos montamos en un coche en pleno invierno y pasamos por Torralba, por donde siempre está lloviendo, nevando, nublado...

- El conductor no se negará. Escofil está acostumbrado a trabajar en el campo, y yo monté cuatro veces en un avión en menos de 48 horas, así que somos lo más temerario que existe. Si va él solo, el copiloto será el mismísimo Sánchez, y atrás iremos Escofil y yo. ¿Por qué? Pues por la simple razón de que iremos con un MP3 cargado de Heavy del bueno y de un aparato de esos que se enchufan al meNchero del coche y suena lo que pongas por la radio. Sánchez, que es el más ingeniero que tenemos en la Redacción Extraña, se encargaría de ir enchufándolo, buscando la emisora, y mientras tanto, Escofil y yo iríamos lanzando temas sobre los que se pueden hablar en un viaje hasta la curva. Por ejemplo, se podría hablar de los fichajes de Mourinho, de si la tía más buena de Perdidos es Kate o Claire, de si los berreos de Alexi Laiho pegan con la música de los Children of Bodom... en fin, todas las tonterías que se nos ocurran.

- Ojo, que si en el coche va montada una chavala de copiloto, entonces la sacaremos y la meteremos en el asiento de atrás junto al Señor Sánchez (que iría en el centro siempre que se monte atrás, para que el conductor lo vea bien), y el copiloto sería Escofil, el cual variaría un poco en cuanto a las elecciones del tema musical: nunca jamás terminaríamos de escuchar una canción. Ya pueden faltarle sólo 15 segundos que él no te dejará escuchar el final, pase lo que pase. Es lo que tiene tener una mente como la suya, capaz de completar los temas musicales hasta el final y hacer que tenga la sensación de haberlo experimentado por completo. Es algo que no sólo es capaz de hacer con la música, aunque eso es mejor que os lo cuente él algún día.

- Por supuesto, nos íbamos a perder antes de llegar a la curva, porque intentaríamos dar indicaciones, pero hay algo que los lectores extraños del blog deberían saber: si un miembro solitario de la Redacción Extraña tiene una capacidad de orientiación mínima, la unión de los tres puede ocasionar que seamos incapaces de llegar a cualquier sitio en un tiempo razonable sin perdernos, al menos, tres o cuatro veces. Por lo tanto, Escofil y yo daríamos opiniones diversas sobre el camino que se debe tomar en cada cruce, siendo éstas comentadas brevemente por Sánchez, dando siempre como resultado un rodeo que nos llevaría a visitar todos los pueblos de alrededor de nuestro destino sin que se pueda segurar al cien por cien que se vaya a llegar a él nunca jamás.
Flipaos del tunning, temblad, os estamos esperando.

- Después de repostar, como mínimo, una vez, llevaríamos tanto tiempo metidos en el coche que el conductor estaría deseandico de estrellarse para dejar de aguantarnos darle el tostón. Pues otra cosa no, pero enredarnos con un tema y no dejarlo nunca se nos da mejor que a nadie. Eso es algo que sólo pueden comprobar quien nos conozca, pero creedme cuando os digo que es completamente cierto. Entonces será el momento que aprovecharemos para improvisar nuestra llegada a una curva en la cual diremos que es ahí donde nos matamos, aunque como no le iba a pillar al tipo de sorpresa, pues llevará varias horas escuchándonos hablar sin parar incluso haciendo la broma de "coge la curva por la trazada, a ver si vas a pisar el piano y te vas a salir a la puzolana como el tontaco de Hamilton", pues Sánchez le taparía los ojos y nosotros gritaríamos "cuidado con la curva que nosotros nos matamos en otra igual".

Por supuesto, antes de que se la pegara el pana de turno, nosotros desapareceríamos como por arte de magia, regresando a la Redacción Extraña a desarrollar nuestra labor diaria de desinformación. ¡Muy bien!

5 comentarios:

Poetastro dijo...

Los cabronos de la curva si que acojonan con su inagotable poder del cansineo.

Anónimo dijo...

Y si el conductor fuera una chica...¿desapareceríais en la curva???jejeje..

Miguel N4 dijo...

Si es una tía, no aparecemos, el mito de la chica de la curva siempre ha sido con un conductor ;)

Poetastro: Cuando crees que nos has aguantado hasta nuestro límite... podemos seguir hablando.

Alec White dijo...

Se echaban de menos los viernes-maraton ^_^


Hombre... yo conozco a mas de una que ya me gustaria que fueran la chica de la curva (mejor si son todas las que me estoy imaginando ahora mismo,ejem)y yo u nconductor nocturno, ya sabeis a lo que me refiero. Bow chicka wow wow...

Anónimo dijo...

nunca habei s visto a la niña de la curvaç?
Pues lleva un vestido negro i rojo i tiene el pelo corto i blanco i los ojos transparentes y esta en la autopista a-744 en la curva donde hay una gasolinera muy pequeñaa asi q cuidadito

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