Creador: Dominic Minghella Cadena de TV Reino Unido: BBC One Número de Episodios: 13 Duración: 40 minutos aprox. Emisión original: Noviembre de 2007
Reseña:
La serie de televisión dedicada a una de las leyendas más famosas del Reino Unido, Robin Hood, el hombre que se dedicaba a robarle al Sheriff de Nottingham para alimentar a su pueblo, que se estaba muriendo de hambre y hundiendo en la miseria. Por supuesto, la serie ofrece una imagen mucho más idealizada que la mayoría de las historias que nos han llegado (por diverso medios), pues no deja de ser una teleserie hecha por ingleses para ingleses, pero ello no supone que nosotros no podamos disfrutarla igualmente.
En los primeros capítulos nos encontraremos la presentación de los personajes: al propio Robin de Locksley, a su fiel amigo Much, a la bella Lady Marian, al Sheriff actual y al despiadado Guy de Gisborne. A medida que avanza la serie iremos conociendo al resto de personajes, casi todos ellos componentes de la banda que se une en torno a Robin y que lo ayudan y defienden en su particular cruzada por la justicia en una zona de Inglaterra en la que él antes era un influyente noble, pero que perdió cualquier clase de privilegio al marcharse a las Cruzadas junto al Rey Ricardo y Guy se hizo cargo de su casa y sus dominios. Al regresar de la guerra, Robin se encontró con que el Sheriff ya no era el padre de Marian, sino Vaisey, un hombre malvado y corrupco que está sumiendo en la más absoluta pobreza a la gente que vive bajo su mandato.
Una vez que sabemos las bases de la historia, las aventuras de Robin Hood son de sobra conocidas por el público: el protagonista se aliará con una serie de fugitivos que le ayudarán en su activa oposición al Sheriff y que vivirán todos juntos en la clandestinidad escondidos en el bosque de Sherwood. Además, como trama paralela tenemos el triángulo amoroso Robin-Marian-Guy, pues el segundo villano de la serie (Guy actúa a las órdenes del Sheriff) está también enamorado de Lady Marian al igual que el propio Robin. Como he dicho, una historia más que conocida, pero lo que más nos importa es la forma de desarrollarla, y ahí empiezan a venir los problemas.
Hay que diferenciar tres partes en esta primera temporada. Los dos primeros capítuos valen para presentar y afianzar a los personajes, para mostrar cómo está la situación una vez que Robin y Much han llegado de Tierra Santa y para que nos familiaricemos con el grupo de fugitivos al completo. A partir de ahí, cada episodio seguirá la misma fórmula una y otra vez, llegando incluso a aburrir en muchas ocasiones: Robin o el Sheriff idean un plan para deshacerse el uno del otro, los fugitivos pelean con los guardias y uno o varios de los amigos de Robin (o él mismo) son capturados y el resto deben ir a rescatarlo. Al final, todo acaba más o menos como estaba al principio aunque gane un bando u otro. La repetición de escenarios un capítulo tras otro llega a cansar al espectador, pues Sir Guy y el Sheriff son representados como personajes extremadamente crueles pero dejan pasar muchas oportunidades de demostrar su peor faceta (aunque lo hagan, suponiendo esto una novedad y una sorpresa dentro de la historia de ese capítulo), pero casi siempre suelen ver frustrados sus planes por la acción de la banda de Robin. A pesar de ese error, todos los capítulos tienen su dosis necesaria de acción, lo que ayuda a mantener la atención del espectador. Todo esto ocurre hasta el final de la temporada donde la historia se alarga y muchas de las tramas se cierran dando un broche final bastante bueno y coherente con lo que hemos visto hasta ahora y jugando con la doble motivación de Robin para enfrentarse a sus enemigos (el maltrato a su pueblo y el estar enamorado de Marian).
En definitiva, es una serie amena. Tiene ese gran error de repetir una y otra vez la estructura de los capítulos pero la duración de estos es la adecuada para que no llegue a ser insoportable. La trama es muy fácil de seguir y los personajes cumplen con sus clichés a la perfección, por lo que es fácil identificarse con ellos. He echado de menos un poco más de profundidad en las historias y que cambiara más rápido el estatus de algunos personajes que se mantienen mucho tiempo a la sombra de Robin a pesar se su evidente potencial, pero la serie se gana un aprobado merecido.
Me ha costado darme cuenta de este parecido razonable, pero yo sabía que John Cena(sucks!) se parecía a alguien, pero no era capaz de recordar a quién. Ahora lo veo todo claro... ¡es igualico a Matt Damon!
Pues ahora sí que te podemos ver (we can see you!), John Cena, a ver si añades algún movimiento, que tienes menos repertorio que la del "La La La".
Por cierto, en este blog, a Cena no se le tiene mucho aprecio, así que os insto a que os hagáis pancartas con cartulinas y vayáis por la calle con un enorme:
Undécima serie de dibujos animados que entra en esta Gran Saga Extraña, ¡y, por fin es esa que todos estabais deseando ver en el listado! La verdad es que no entiendo cómo, con el paso de los años la gente sigue llamando a esta serie por su nombre, "Campeones", cuando es de sobra conocido que popularmente es denominada entre los chavales que la vimos y la disfrutamos como "Oliver y Benji".
Recuerdo que una vez leí un artículo en el que hablaba del impacto de "Capitán Tsubasa" (el nombre que tienen el manga y el anime en Japón, porque Oliver en realidad se llamaba Tsubasa, pero aquí en España se dieron cuenta que infundía poco respeto y le pusieron un nombre más adecuado para ser una estrella del balompié... otro gallo nos hubiera cantado si Naruto, en vez de así, se hubiera llamado José Carlos o algo así, dónde va a parar) en el que se comentaba que, gracias a la serie, los niños nipones dudaban entre el deporte rey del país (el béisbol) y el fútbol a la hora de escoger un ídem. ¡Hasta los dibujos animados creen que es mejro el fútbol que el béisbol! ¿Pero qué emoción tendrá ver a un tío lanzar una pelota para que otro le dé con un palo la lance lejos? ¿No será mejor darle patadas al balón y al resto de jugadores mientras corres por el césped e intentas colar el esférico en una portería? Claro que sí.
Y hablando de "esférico", que no me vengan a mí con las milongas de que las series de los 80/90 no eran educativas. Anda que no aprendimos nosotros de pequeños nombres para referirnos al balón, como el ya comentado "esférico", "esfera", "pelota", "cuero", "bola" y, cuando tiraban Mark Lenders u Oliver Atton, "pepino". El comentarista no decía "pepino", pero la forma que adoptaba el balón era esa, y todos los llamábamos así. Si algo nos ha enseñado esta serie de dibujos animados es que, cuando le pegas bien fuerte a la pelota, si es un tiro especial, éste debe deformarse en el aire o llevar una estela tras de sí (también vale que vaya bien raso y haciendo un surco en la hierba, pero eso sólo lo podían hacer los especialistas). La de veces que habremos anunciado nosotros el "Tiro del Halcón" y hemos colado un balón en la casa de la vecina... no te quiero ni contar. Incluso pasando de los veinte años me sigue pasando a mí.
"Campeones" "Oliver y Benji" trataba sobre un niño llamado Oliver Atton que era un verdadero crack del fútbol y que tenía un pequeño problema como el de Tom Hanks en la película de "Náufrago", que creía que el balón era su amigo (y no le faltaba más que llamarlo Wilson o algo parecido). El caso es que Oliver se metía en un equipo de mantas a los que les metían cada goleada que ríete tú de la última vez que Van Nistelrooy pisó el Reyno de Navarra y conseguía que estos ganasen partidos gracias a que él trincaba el balón, hacía la jugada, metía el gol... y así varias veces a lo largo del partido. Pronto, se desarrolló una rivalidad entre Oliver Atton y Benji "Pantera" Price (al cual, luego le cambiaron el mote porque podría ser un poco engañoso que un chaval se llamase "Pantera", así que le plantaron el amenazante "Paralotodo"), que era el portero del equipo bueno de la ciudad y el cual tenía un récord de imbatibilidad que ni Zamora en sus buenos tiempos, hasta que llegó Oliver y le empezó a colar goles de todos los colores. Parece mentira, para ser niños, qué rivalidades se montaban, se lo tomaban bien en serio. Y eso que sólo era el principio de la serie, porque luego, como estaba cantado, deciden hacer una selección de los mejores jugadores de la zona y meten en el mismo equipo a todos los chavales con un mínimo de personalidad (y diseño de cara diferente al resto, pues el truco en saber si el tío era bueno o no consistía en que lo pudieras diferenciar, por el peinado, los dientes o el color de la piel del resto). Lo mejor de todo era que todos los chicos eran delanteros y metían goles, salvo el pobre Bruce Harper (el paquete oficial de la serie, que siempre entraba en las selecciones porque era amiguísimo de Oliver) y los dos porteros, Benji "Paralotodo" y Alan (el cual tenía la misma apariencia que el entrenador y que los árbitros, pero hasta que no aparecieron el portero ninja Ed Warner, de los Warner de toda la vida, y el gordo de Teo).
La cosa se ponía verdaderamente interesante cuando Oliver y su equipo de galácticos-delanteros más Bruce Harper, se enfrentaba al resto de equipos, pues nos damos cuenta de un detalle inquietante: todos los equipos son un jugador bueno y diez más. Lo que pasa es que ese tío tan bueno que corría tanto, regateaba, metía goles, lideraba y vendía camisetas era mejor que el resto de jugadores de su propio equipo y al final acababa en una lucha encarnizada entre Oliver Atton y él. Hasta tal punto era esto así que ambos llegaban a poner en juego su vida y su carrera deportiva por pasar de los octavos de final de la copa ésa que jugaban (que, en su versión de España, podría ser el Torneo de Brunete o algo así). El que más abusó de esto fue Julian Ross, un chico que estaba malo del corazón y que sólo aguantaba media hora de partido (con problemas cardíacos y tenía más juego efectivo que Guti, ¡bien!) y, aún así, le dio por ganarle a Oliver en la eliminatoria. Qué tensión de partido, ahí no sabíamos si sobreviviría Julian, si Oliver se cagaría y se dejaría ganar, si todo lo que hacía el enfermo era para tirarse a la animadora del equipo. La verdad es que eso sí que es verdadero espíritu de lucha y no Kaká cuando va al centro del campo a recoger el balón. Además, el mamón de Julian Ross tenía momentos en los que no se podía ni mover de las taquicardias que le arreaban ¡y se apoyaba en el poste! Ahí, al lado del portero, rombiendo el fuera de juego, pero dirigiendo al equipo quitándole autoridad al entrenador. En la Selección Japonesa al final, acabó jugando de líbero, el parecido razonable con Fernando Hierro es más que evidente.
Debería ser obligatorio que todos los niños, siendo pequeños, vieran "Oliver y Benji". En vez de salir a hacer estupideces en Educación Física, que les pusieran los DVD de la serie de televisión, que iban a aprender a amar el fútbol y el deporte. Partidos que se jugaban en campos de varios kilómetros cuadrados, que además estaban hechos como esos futbolines en los que el centro del campo está más alto y hace rampa hacia las porterías, ya que cuando Oliver o algún otro corría hacia la portería rival, la otra dejaba de verse en el horizonte. No me extraña que, a medida que avanzaba la serie, las piernas de los protagonistas se fueran haciendo más y más largas y finas, porque las tenían híperdesarrolladas debido al gran esfuerzo físico de correr varios kilómetros corriendo esquivando los hachazos de los esbirros del bueno del equipo contrario para llegar a la portería y lanzar un tiro especial (os lo voy a explicar y así lo entendéis mejor, resulta que, cuando regateas, tienes una barra de "especial" o "maná" o "PM" -Puntos Mágicos- que se va llenando de forma que, cuando llegas a la portería rival, puedes haer una magia más o menos poderosa en función de lo que te haya costado llegar a la portería). A veces, el tirascazo se lo paraba el portero o no. Si había que darle dramatismo al asunto, lo detenía un defensa que estaba ahí metido en el área pequeña (que crecía o decrecía según la situación) o rebotaba en alguno de los palos de la portería provocando una segunda jugada o un contraataque letal del equipo contrario. Un partido duraba días y días, pero eso estaba hecho así para que pudieras llegar al cole y comentar con tus amigos qué era lo que iba a pasar a continuación, y dejaban los episodios de relleno con muchos flashbacks, para que comprendieras lo importante que era para cada uno ese partido en concreto.
Dentro de los peor tratados por la vida destacaban los dos segundones de Oliver: Tom Baker y Mark Lenders que, por otro lado, molaban muchísimo más que él, porque no eran tan pedantes. Tom Baker era el típico amigo de todo el mundo al cual se le daba bien cualquier cosa y que trabajaba para que Oliver se luciera y luciese más. Metía muchos goles y su padre era pintor de esos que van pueblo por pubelo y ciudad por ciudad, retratando paisajes y sacándose unas perrillas. Al final, el sueño del padre se hace realidad y Tom es tan buen futbolista que lo retira y no tiene que volver a trabajar. Algo parecido con lo que pasaba con Mark Lenders, que era más chulo que un ocho verde pistacho porque iba con las mangas de la camiseta subidas, siempre buscaba bronca porque era un toro de fuerte y metía más goles que nadie. Lenders tenía un montón de hermanos chiquitajos y se había convertido en la bestia que era gracias a que ayudaba a su madre en la tienda de ultramarinos (un tío honrado, no como el vago de Oliver que no hacía nada más que darle patadas a un balón y cateaba Conocimiento del Medio). Mark Lenders estaba picadísimo con Oliver porque todo el mundo los comparaba y el otro era el protagonista de la serie. Sin embargo, los que sabemos de fútbol estamos convencidos de que el bueno, bueno era Mark Lenders, porque lo que importan son los goles y el resto son milongas.
La serie empezó a desvariar conforme iba avanzando y los chavales se iban haciendo mayores. A Oliver lo fichó el segundo equipo de España y Benji Price le quitó la fama de mejor portero de la Bundesliga a Khan. Sin embargo, nunca dejó de tener ese trasfondo épico que los japos le dan al fútbol. ¡Si no la has visto, eres un infiel y debes hacerlo! ¡Ya!